25/11/12

Peter Pan.

Ahí estamos todos, queriendo ser felices pero tropezándonos con nuestras propias acciones y pensamientos que al final de cuentas, son lo único que nos lo impide. Queremos ser felices pero aprendemos a dejar de llorar, a callar y a obedecer. Nos olvidamos de soñar en grande, dejamos de vestirnos de Superman, Spider Man, Batman, Sailor Moon, o un simple Power Ranger y así, dejamos de combatir contra el mal para salvar al mundo. No nos avergonzábamos de nuestros gustos, queríamos algo, lo pedíamos y ya. Cuando algo dolía, llorábamos para desahogarnos y a la hora siguiente, éramos capaces de reír. No nos clavábamos en lo que dolía, lo dejábamos ir porque en la lógica más pura e inocente, aquello se interponía en la relación yo-felicidad.
¿Y ahora?
¿Cuántas veces no vamos por ahí recordando una y otra vez, una y otra vez aquello que nos lastima? ¿Cuántas veces no guardamos todo aquello que al final termina por resultarnos pesado?
Vamos acumulando tantas cosas, y el equipaje es tan grande, que dejamos de ser ligeros. Y para volar, es preciso ser ligero.
Crecer no debería de ser sinónimo de dejar de ser niño. De hecho estoy convencida de que son los niños los más grandes en el mundo. ¿Pero cuándo se deja de ser niño? ¿Cómo saber si nos estamos alejando de esa niñez?
Muy simple.
1. Cuando escuchamos lo que dicen los demás, y no lo que nos dicen nuestros propios deseos.
2. Cuando dejamos de creer que las cosas son posibles.
3. Cuando nuestros problemas son más grandes que nuestra imaginación.
4. Cuando dejamos de pedir con fuerzas aquello con que verdad queremos.
5. Cuando las normas sociales se sobreponen a nuestros instintos.
Y es que, si me lo preguntan, sí hay una fórmula para ser feliz, la descubrió J.M. Barrie y es precisamente Peter Pan, es decir, nunca dejar de ser niño.


Ven conmigo Wendy, ven conmigo a un lugar en el que nunca, nunca tendrás que preocuparte por cosas de adultos otra vez.

11/11/12

Querido Niño Dios o Santa:

Hace años que no te escribo. ¿Te acordarás de mi? Alguna vez te pedí el carro de la Barbie que me llegó con la cocina, el carrito de perros y otras cosas que nunca usé. Generalmente te pedía muchas cosas en listas interminables y divertidas que sin darme cuenta, mis papás iban editando.  Mi hermano cada año te pedía una cuatrimoto que nunca llegó, de pronto por eso él dejó de creer.
Pero yo he vuelto. Con algunos años más, las mismos lunares y un corazón más trajinado.
 He vuelto con mi misma mirada soñadora de la niña regordeta en una pequeña ciudad de Perú, al sur, Lima. ¿Ya? ¿Te suena? ¿Te sueno? En fin… He vuelto con la misma fe de entonces, pues tengo la certeza de que en algún lugar estás con todos los tuyos trabajando para sacar sonrisas.
Esta vez vengo con una lista de peticiones más tranquila pero igual de importante, divertida y difícil. Lastimosamente para ti, ya mis papás no tendrán la oportunidad para editarla, pero espero que hagas lo que puedas. ¿Sí?
Para esta navidad y para el próximo año lo que más, más quiero es lograr estar tranquila, satisfecha y feliz con lo que tengo y tendré. ¿Eso lo hacen allá? ¿Tienes un departamento de conformidad?
Cupido ha estado distraído en los últimos años. Así que si tienes una alianza con él por ser navidad lo único que pediría en este aspecto es eso; que perfeccione su puntería. Pero si no la tienes, habla con MamaNoel, ella me entenderá, lo sé. Ya que la cosa es sencilla; darme el permiso a mi misma de perder la cabeza por aquel que amablemente está dispuesto a perderla por mí, que cumpla mis requisitos básicos (no son tantos) y que seguro en esta Navidad, está pidiendo lo mismo.
Ya sé que tus duendes deben estar enredados con tantas cosas pero también quisiera valentía. Valentía suficiente para hacer todas las cosas que quiero el próximo año. ¿Tienen allá? Seguro que sí. Ustedes tienen todo. Que mis ganas, fuerza y emoción no se queden en eso, sino que transciendan a la realidad, para eso la valentía con paciencia. Sí, es que también necesito paciencia. Pero en dosis exorbitantes. De hecho, todas las reservas que tengas me las puedes dar a mí. Solo a mí.
No olvides, por ninguna razón en el carro de los renos, sueños y amor para dar. La capacidad de sacar sonrisas y curar corazones. El coraje para dar esperanza, la osadía para seguir escribiendo y miles de historias para seguir contando. Espacio necesario para volar más alto, ¿lo tienes?¿Qué tal te suena?¿Estoy pidiendo demasiado?
Más constancia no me cae mal, lo mismo que humildad. Una chequera con fondos infinitos de besos, abrazos y miradas sinceras. Las palabras justas para los que me necesiten y un hospital de almas con más pacientes e inclusive más habitaciones.
De resto no es más. Que cumplas lo que mis papás, hermanos, sobrino, familia, amigos y amigas quieren pero no son capaces de pedirte, pero tal vez aquí se animen. Que me los cuides y me los tengas siempre, a mis amigas que están y a las que se fueron tráelas de vuelta. Y por último, ahora sí, en serio, que mi próxima rommate sea si quiera la mitad de la pasada.
Sé que me lo darás. Solo mándame una estrella fugaz, a uno de tus duendes, la nariz de Rodolfo, un sueño en tu fábrica, un suspiro congelado del Polo Norte, lo que quieras como señal que te llegó mi carta.
Gracias, muchos saludos a todos allá.
(Pd: Dile a tus Duendas que se metan a mi blog.)



10/11/12

¿Por qué escribir?

A veces me pregunto: ¿alguien me lee? Y entonces las ganas de comunicar se me van amainando, me gana el desánimo y termino escribiendo intermitentemente hasta que algo extraordinario sucede o hasta que algo estalla en mí y no puedo seguir callando.

Hoy encontré otra motivación, una grande, una que me dará gasolina por mucho tiempo y que guardaré cerca de mí como algunos guardan patas de conejo o tréboles de cuatro hojas. Son palabras que me regaló mi hermana menor, y las puso como su estado de Facebook:


"Mi maestro nos estuvo preguntando que pensábamos cuando decía la palabra escritor, o a cuáles escritores conocíamos y mientras todos contestaban "Gabriel García Marquez" o "Paulo Coelho", yo sólo pensaba: Mi hermana".


Aun si nadie más que ella me leyera, seguiré escribiendo. Por ella. Para ella.

Gracias, hermana.




4/11/12

Este es el momento en el que sonríes...

Olvídate de agradar a los demás, es la forma más estúpida de perder el tiempo. Dedícate a vivir sólo tu vida, no intentes vivir la de nadie más. No pidas perdón a quien no se lo merece, ni tampoco permiso. No te arrepientas de lo que hiciste, ni tampoco de lo que no hiciste, haz lo que creas que debes hacer; pide consejos si los necesitas, no seas orgulloso, pero recuerda que no hay nadie mejor que tú para saber las repuestas. No te quejes tanto, tienes piernas y tienes manos y aunque no las tuvieras, ¡estás respirando! No sé si lo que te estoy diciendo está bien, yo no sé nada de nada, pero ¡SONRÍE, CARAJO