—¿No viste que estaba deforme? Parecía que tenía joroba y a lo mejor hasta gusanos traía.
Parece que tenemos un talento especial para juzgar las cosas por su apariencia, todos lo hemos hecho una o más veces, sin excepción alguna. El problema es cuando llevamos las etiquetas más allá, cuando negamos oportunidades a los demás y a nosotros mismos y todo esto por una razón en especial, la misma de siempre; nuestro miedo al cambio. Tenemos un problema de rechazo a todo aquello que nos parece diferente, a todo lo nuevo y a lo que sospechamos que podría modificar en algo nuestro entorno de comodidad y rutina. Pero es precisamente por este miedo que podríamos estar perdiéndonos de cosas maravillosas.
Aquel chico que se sienta a lado tuyo en clases, ése que pinta ser muy violento y que probablemente no lo es, ¿por qué no hablarle? Y qué me dices de aquella chica que parece ser muy arrogante y presumida, ¿le has sonreído alguna vez? A lo mejor ella te ha mirado raro porque desde que la conociste tú no has dejado de mirarla de arriba hacia abajo como si estuvieras buscándole algún defecto, no sabes si al final ella terminará siendo una de tus mejores amigas.
Casi todo el mundo presume de ser personas muy tolerantes y siempre se llenan de flores la boca cuando hablan de libertad y exigen igualdad, pero no siempre hacen lo que piensan ni piensan lo que hacen. Por ejemplo, quieren perros de raza para presumir mientras los pasean, dicen "mira qué bonito perro" cuando ven a uno criollo, pero jamás lo adoptarían ni lo sacarían a pasear con el mismo orgullo con el que presumen a sus perros con pedigree y sólo alagan a los otros por compromiso o para intentar sentirse bien. La igualdad no se divide; la igualdad es la igualdad y abarca todo, lo engloba.
Cuando veas una manzana amorfa, no la dejes en el rincón y ¡llévatela! Podría ser la mejor manzana que hayas probado en toda tu vida. Trata de no ser injusto y deja a un lado esos juicios prefabricados.
